Entrada destacada

Niñas y niños en la justicia- Infancias robadas.

"Deberíamos preguntarnos como sociedad y como Justicia: ¿qué pasa con esos niños y su futuro adulto?  ¿Qué sienten cuand...

domingo, 20 de enero de 2019

La influencia del abuso sexual infantil en los casos de suicidio adolescente


PSICOLOGÍA CLÍNICA

Un informe revelador sobre la relación entre estos dos fenómenos.
por Nuria Guzmán Ramírez*


Nos encontramos en una época en la que cada vez saltan a la luz más  casos de abusos sexuales en la infancia, incluso podría parecer que hay un auge en este tipo de abusos, aunque lo que realmente ocurre es que cada vez son más visibles.
Según los estudios, en torno al 7,4% de varones y al 19,2% de mujeres han sido víctimas de este tipo de maltrato, aunque estas cifras no pueden tomarse como determinantes debido al elevado número de casos que no son denunciados.

Abuso sexual en la infancia: una realidad silenciada
En contra de lo que se cree, los abusos sexuales a menores más frecuentes son cometidos dentro del núcleo familiar y por una persona con la que el niño o niña tiene una relación afectiva y de confianza.
Los estudios también nos revelan que en un porcentaje elevado de casos los abusos se realizan dentro de un contexto de juego, del que el adulto se sirve para que los menores participen sin ser conscientes de las implicaciones de dichas conductas y es por ello, que en muchos casos estas conductas pasan desapercibidas para el resto de los familiares, que desconocen los hechos.

Los efectos de haber sufrido abusos sexuales en la niñez
Pero, ¿qué implicación pueden tener los abusos sexuales en la infancia?
Los estudios realizados a tal efecto nos informan de que pueden aparecer síntomas tanto a corto como a largo plazo y que dichos síntomas pueden afectar a todas las facetas de la vida del menor.
Si bien se considera que en torno a un 30% de las víctimas de abusos sexuales no presenta sintomatología asociada, el resto de las víctimas suele presentar una serie de problemas tanto a corto como a largo plazo entre los que se encuentran  ansiedad, depresión, baja autoestima, sentimientos de culpa, estigmatización, problemas de atención y concentración, problemas para relacionarse, trastornos del sueño, conducta sexual desinhibida, ideas suicidas e intentos de suicidio, entre otros síntomas, que en el transcurso del tiempo y si persisten pueden agravarse hasta la aparición de trastornos depresivos y bipolares, trastornos por estrés postraumático, trastornos límite de la personalidad y conductas autodestructivas y autolesivas (Pereda, 2009).

Suicidios: cifras y datos
Una de las consecuencias más graves dada la intencionalidad de acabar con la propia vida, es el suicidio. En torno al 50% de los hombres abusados sexualmente y el 67% de las mujeres tienen o han tenido ideación suicida y de ellos un porcentaje considerable ha intentado acabar con su vida (11% de las mujeres y 4% de los hombres).
Pero, ¿hay datos que respalden esta afirmación? La respuesta es que sí. Los estudios referentes al suicidio adolescente son escasos debido al impacto social que tienen y a que, como en el caso de los abusos sexuales, son problemáticas que permanecen subyacentes y no saltan a la luz con facilidad, pero ya en 1991 Cirillo y Blasco planteaban que las víctimas de maltrato sexual que no se habían sentido escuchados ni protegidos tenían tendencias a presentar conductas auto-agresivas que podían llegar al suicidio.
Otro estudio revela, que los  malos tratos, sin distinción de categoría, en la infancia se asocian al suicidio en adultos en una tasa del 5,53% y que la gravedad del maltrato podía incluso influir en el inicio y frecuencia de estas tentativas, pareciendo existir una correlación entre las tentativas e intentos de suicidio y el tiempo transcurrido desde que ocurrieron los abusos, ya que estas conductas aparecían en torno a los 2 años después de haberlos sufrido (González-Forteza, Ramos Lira, Vignau Brambila y Ramírez Villarreal, 2001).

Varias conclusiones
Viendo estas cifras parece claro que existe una correlación importante entre haber sufrido abusos sexuales en la infancia y realizar tentativas de suicidio en la adolescencia.
A pesar de que no es la única causa que las motiva, ya que los estudios que se basan solo en intentos de suicidio adolescente presentan como factores de riesgo para este tipo de conductas, además de los abusos en la infancia, la existencia de  disfunción familiar, síntomas ansioso-depresivos y problemas conductuales. Aún así los datos son alarmantes y revelan las enormes consecuencias tanto a nivel psicológico como físico que pueden llegar a sufrir las personas abusadas durante la etapa infantil.

Referencias bibliográficas:
González-Forteza, C., Ramos Lira, L., Vignau Brambila, L. B. y Ramírez Villareal, C. (2001).El abuso sexual y el intento suicida asociados con el malestar depresivo y la ideación suicida de los adolescentes. Salud Mental México, 24, N.6, Dic.
Larraguibel, M.; González, P.; Martínez, V.; Valenzuela, R. (2000). Factores de riesgo de la conducta suicida en niños y adolescentes. Revista chilena de pediatría, 71, 3.Mayo.
Páramo Castillo, D., Chávez Hernández, A. M. (2007) Maltrato y suicidio infantil en el Estado de Guanajuato. Salud Mental, 30, nº3, Mayo-junio. Pág. 59-67.
Pereda, N., (2009). Consecuencias psicológicas iniciales del abuso sexual infantil. Papeles del psicólogo, 30(2), pp135-144.
Pereda, N., (2010). Consecuencias psicológicas a largo plazo del abuso sexual infantil. Papeles del psicólogo, 31(2), pp. 191-201.

* Nuria Guzmán Ramírez Psicóloga Licenciada en Psicología por la Universidad de Sevilla. Postgrado en Psicopatología Clínica de la Universidad de Barcelona y actualmente cursando un Máster en Psicología Forense y Criminal. Especializada en maltrato infantil y psicoterapia familiar.

miércoles, 9 de enero de 2019

EEUU ¿Por qué los hombres abusan de las mujeres y qué los detiene?

Extraido y traducido al castellano on line de: 



3 de enero de 2019 |
Los tribunales deben aprender lo básico sobre la violencia doméstica
Cuatro décadas después de que la violencia doméstica se convirtiera en un tema público, nuestros tribunales aún no entienden las causas y las respuestas efectivas a la violencia doméstica. Intentar resolver casos de VD sin el conocimiento fundamental de VD es como enviar a los niños a una guardería no regulada; Seguimos viendo tragedias evitables en las que se maltrata a niños y algunos mueren.
Cuando la violencia doméstica (VD) se convirtió por primera vez en un problema público, no había ninguna investigación disponible. Los tribunales desarrollaron sus respuestas iniciales basadas en supuestos populares de que la VD fue causada por abuso de sustancias, enfermedades mentales y las acciones de las víctimas. Esto llevó a los tribunales a acudir a los profesionales de la salud mental para que los asesoraran como si fueran expertos en violencia doméstica. Para ser justos, este error se cometió de buena fe, pero nunca se corrigió después de que la investigación demostró que las suposiciones iniciales eran erróneas.
Los Mitos sobre la causa de la violencia doméstica aún prevalecen
El Movimiento de Templanza Cristiana de las Mujeres abogó por la prohibición, al menos en parte, porque creían que el consumo excesivo de alcohol hacía que los esposos atacaran brutalmente a sus esposas. Había una base lógica para este supuesto. Muchos hombres llegaron a casa borrachos y agredieron a sus esposas. El alcohol reduce las inhibiciones, por lo que un hombre abusivo bajo la influencia agrediría a su esposa con más severidad que si estuviera sobrio. Por consiguiente, sus ataques de borrachos fueron mucho más memorables.
Desde entonces hemos aprendido que las personas no se involucran en comportamientos que no considerarían cuando estaban sobrios, incluso si están bajo la influencia de drogas o alcohol. Esta es la razón por la cual los hombres no abusivos no atacan a sus parejas, incluso si tenían demasiado para beber. Los hombres que agreden a sus parejas mientras están bajo la influencia participan en un patrón de comportamiento coercitivo y controlador mientras están sobrios y creen que tienen el derecho de controlar a sus parejas. En otras palabras, el abuso de sustancias solo empeora su abuso.
De manera similar, la mayoría de las enfermedades mentales no causan que los hombres abusen de sus parejas, pero harán que los ataques sean más severos. Muchos hombres con una amplia variedad de problemas de salud mental nunca abusan de sus compañeros. La enfermedad mental se usa como excusa, pero no es la causa de la violencia doméstica.
Las personas con problemas de manejo de la ira no pueden controlar su ira hacia nadie. Son susceptibles de maltratar a su jefe, a una camarera, a un cajero de banco o a un repartidor. Los hombres abusivos tienden solo a agredir y abusar de sus parejas y, a veces, de sus hijos. En otras palabras, su abuso se basa en su derecho masculino y su creencia de que tienen el privilegio de controlar a sus parejas íntimas.
A menudo ilustro el tema del manejo de la ira con un ejemplo sobre un hombre que es maltratado y no respetado por su jefe. No agrede ni ataca verbalmente a su jefe porque sabe que habrá graves consecuencias. Aún así, enojado, es detenido por exceso de velocidad en su camino a casa desde el trabajo. No cree que merezca un boleto, pero de nuevo controla su ira porque sabe qué sucede si ataca al oficial de policía. Y luego se va a casa y agrede a su compañera.
Los hombres en mis clases de agresores han sugerido que este es un ejemplo injusto porque no tienen un vínculo emocional con su jefe o el oficial de policía. Imagínese si salen del trabajo para encontrarse con su pareja en una fiesta. Cuando ella hace algo que él define como impropio, no la agrede en la fiesta donde habría testigos y consecuencias. En cambio, la asalta en la intimidad de su hogar porque tiene buenas razones para creer que no tendrá consecuencias para él. En cada caso, el abusador era completamente capaz de controlar su ira si era para su beneficio.
El sistema de justicia penal a menudo utiliza la indulgencia como respuesta a los que delinquen por primera vez. Esto puede funcionar bien en otros tipos de delitos, pero está completamente mal dirigido en casos de VD. La violencia doméstica es el delito que menos se denuncia, por lo que la primera vez que un abusador llama la atención del sistema de justicia penal es poco probable que sea la primera vez que comete un delito, y mucho menos que participa en otras tácticas de violencia doméstica. Esta puede ser la única oportunidad que tiene el sistema judicial para cambiar la dinámica.
La mayoría de los abusadores les dicen a sus víctimas que si denuncian sus crímenes, nadie los creerá o tienen alguna forma de evitar el castigo. Cuando el sistema judicial no toma ninguna medida efectiva, confirma todo lo que dijo. Ella se arriesgó al denunciar su crimen y puede ser castigada por hacerlo. El hecho de que el juez actuante no haya creado consecuencias significativas le  esta diciendo que no la ayudará. Nunca volverá a cometer el error de buscar ayuda.
Pero el sistema de justicia penal mide su "éxito" mediante repetidos arrestos. Así que el tribunal cree que hicieron lo correcto mientras la víctima sufre en silencio y puede decirle a los tribunales de custodia y los tribunales penales que nunca abusó de nadie.
La única respuesta probada a la violencia doméstica
Literalmente, se han gastado miles de millones de dólares tratando de demostrar que los programas para las personas que maltratan son efectivos para prevenir la violencia doméstica. El mejor resultado no ha sido concluyente. Uno de los problemas con gran parte de la investigación es que los hombres no son asignados al azar a los programas de abusadores. Factores como la riqueza del acusado, la raza, el historial de abuso, la gravedad del delito, las prácticas en la comunidad, las conexiones de su abogado y la habilidad para manipular la influencia que los abusadores asignan a los programas de agresores.
Esto significa que no hay una comparación justa con los delincuentes asignados a un programa para maltratadores, otros programas o ninguna consecuencia. El problema se agrava aún más por el hecho de que la VD es el delito menos denunciado, pero la reincidencia es la medida habitual de éxito.
El Centro para la Innovación de la Corte buscó lidiar con el problema del muestreo aleatorio al convencer a los jueces en un estudio para que asignaran a los infractores de manera aleatoria a respuestas como el programa del agresor, la libertad condicional o el servicio comunitario. Los hallazgos importantes son que solo la responsabilidad y el monitoreo son útiles para cambiar el comportamiento de los abusadores. Este hallazgo está respaldado por ejemplos de la vida real en los que las comunidades que usaron prácticas basadas en la responsabilidad y el monitoreo vieron una reducción dramática en los delitos de violencia doméstica y especialmente en los asesinatos.
La ignorancia de la VD tiene consecuencias
La investigación es clara. Cualquiera puede beneficiarse de la terapia o de detener el abuso de sustancias. Las personas que realmente no pueden controlar su ira pueden beneficiarse de los programas de manejo de la ira. Los programas para agresores pueden proporcionar a los tribunales una consecuencia adicional para los delincuentes de violencia doméstica.
Los tribunales deben comprender, sin embargo, que solo completar cualquiera de estos programas no hace que un abusador esté seguro. Tratar estos programas como si curara al abusador pone en peligro a su pareja y a la comunidad. La enfermedad mental, el abuso de sustancias y la ira son temas separados de la violencia doméstica. No obstante, muchos tribunales tratan estos temas por separado como si resolvieran el problema de la violencia doméstica.
Se crearon programas para agresores, no basados ​​en investigaciones científicas, sino simplemente porque parecía que la sociedad necesitaba alguna respuesta a la violencia doméstica. El problema es que es una solución simple a un problema complejo. En el Modelo de Duluth, se suponía que su programa para el golpeador era una pequeña parte de una respuesta comunitaria mucho más amplia.
Los hombres y los niños reciben información errónea de muchas fuentes en la comunidad que fomentan el maltrato a las mujeres. Nuestra triste historia de tolerar el abuso de los esposos de sus esposas apoya esta desinformación. Las comunidades tendrán que cambiar creencias, prácticas y valores fundamentales para prevenir la violencia doméstica.
Ciudades como Quincy, Nashville y San Diego usaron un grupo de mejores prácticas que incluían el estricto cumplimiento de las leyes penales, las órdenes de protección y las reglas de libertad condicional; prácticas diseñadas para facilitar la salida de las víctimas; y una respuesta comunitaria coordinada. Estas mejores prácticas llevaron a una reducción dramática en los delitos de violencia doméstica y especialmente el asesinato.
Hasta ahora, nuestro país ha sido reacio a hacer los cambios necesarios para prevenir la violencia doméstica. En otras palabras, no estaban dispuestos a tomar en serio la violencia doméstica. Quizás el movimiento “yo también”; la  publicidad en torno a nuestra aplicación laxa de violaciones y violencia doméstica; y la frecuencia con que los delincuentes de violencia doméstica cometen asesinatos en masa alentarán las reformas necesarias.
La investigación de ACE (Experiencias adversas en la infancia) que demuestra que los niños expuestos a VD y otros abusos vivirán vidas más cortas y menos saludables debería hacer que los funcionarios públicos reconsideren nuestra respuesta relajada a la violencia doméstica. Los Estados Unidos gastan más de un billón de dólares cada año para permitir que los hombres abusen de las mujeres. Es como un impuesto oculto que ninguno de nuestros legisladores votó. Quizás cuando este costo económico sea más conocido creará el incentivo necesario para las reformas necesarias.
Los tribunales penales deben imponer sanciones significativas para la violencia doméstica y crear hallazgos para que los abusadores no puedan negar sus delitos. Cuando los tribunales permiten que los hombres participen en terapia, manejo de la ira o tratamiento por abuso de sustancias como sustituto de la responsabilidad, los tribunales desechan su única oportunidad de romper el ciclo de abuso.
La indulgencia no merecida es igualmente ineficaz y apoya el mensaje de que la sociedad no toma en serio la violencia doméstica. Estas decisiones peligrosas también muestran que los jueces y profesionales en los que confían no están familiarizados con la investigación que todo juez debería tener. No tiene sentido depender de respuestas ineficaces cuando solo se ha demostrado que la responsabilidad y el monitoreo cambian el comportamiento de los abusadores.
A diferencia de los tribunales penales, los tribunales de familia no están diseñados para castigar el mal comportamiento. A menudo parece que solo las madres que tratan de proteger a sus hijos son castigadas por hacer lo que los padres deben hacer. Los jueces rara vez consideran que al castigar a la madre también castigan y dañan a los niños.
Los tribunales de custodia dependen de profesionales de la salud mental para responder a los informes de violencia doméstica. Si el abusador también tiene un problema de salud mental, debe obtener una terapia ineficaz y luego ser tratado como seguro. Si el abusador pasa sus pruebas psicológicas, los tribunales asumen que no puede ser un abusador y la madre debe estar haciendo informes falsos.
En un caso de custodia en el estado de Nueva York, el tribunal reconoció la larga historia de abuso del padre y lo limitó a las visitas supervisadas. La comunidad no tiene un programa de visitas supervisadas, por lo que increíblemente se cargó a la víctima con la carga de encontrar la supervisión adecuada. El abusador ha sido supervisado por amigos y familiares que a menudo se duermen o lo dejan solo con los niños. Las denuncias de los niños por agresiones y malos tratos durante las visitas supervisadas han sido atribuidas a la madre.
La madre ha sido amenazada con un castigo cuando no puede encontrar supervisores apropiados, incluso después de que el comportamiento agresivo del padre hizo difícil mantener a los supervisores. El director de un programa para agresores que no se basa en modelos de responsabilidad dice que el abusador ha cambiado. La corte parece no darse cuenta de que no es ético que un programa de abusadores afirme que un abusador es seguro.
El hecho de que un abusador pueda actuar apropiadamente en público, como lo hace la mayoría de los abusadores, no nos dice nada sobre cómo actúa en privado. Aunque el abusador ha seguido culpando a la víctima por todo y parece estar acosándola y creando falsas quejas para proteger a los niños y otras personas, los tribunales parecen estar considerando tratar al abusador como si estuviera a salvo.
Los funcionarios judiciales que son responsables de la salud y seguridad de los niños deben comprender que la violencia doméstica no es causada por una enfermedad mental, abuso de sustancias, problemas de enojo o las acciones de la víctima. Es posible que un abusador cambie, pero rara vez sucede de la nada. Por lo general requiere la rendición de cuentas y el seguimiento. Como mínimo, un abusador que está cambiando su comportamiento reconocería que él es el único responsable del daño que ha causado; se comprometerá a nunca volver a abusar de nadie; y entenderá que si alguna vez abusa de alguien, perderá la relación con sus hijos.
Los niños se benefician cuando pueden tener a ambos padres en sus vidas. Serán perjudicados si pierden su relación con su padre. El problema es que el daño de tener una relación con un abusador es mucho mayor que el daño de no tener ninguna relación. ACE nos dice que vivir con el miedo y el estrés que causan los abusadores acorta significativamente la vida de los niños y lleva a una vida de problemas sociales y de salud. Es una elección que ningún juez con conocimiento de la investigación de ACE haría. La única buena solución es que el abusador cambie sinceramente su comportamiento. Pretender cambiar es solo una continuación de su manipulación.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Conversatorio HIJAS: LAS VICTIMAS INVISIBLES

"...Patricia Fernández Montero, joven autora del libro YA NO TENGO MIEDO, comparte en este video  su experiencia como hija de una familia en situación de violencia doméstica, como sobreviviente y resiliente.
Se transcribe parte de su testimonio,  Minuto 19:31 del video donde habla de su experiencia en los Puntos de Encuentro en España. 

 -“…partiendo de la base que en un Punto de Encuentro se esta vulnerando los derechos del niño porque no se le escucha, porque te obligan a ver a una persona que es un maltratador peligroso y que por algo tienes una visita tutelada y no una visita libre, el niño lo que tiene que hacer allí es sobrevivir, y lo peor de todo es que ya no solo te enfrentas en el marco de tu casa a un maltratador, te enfrentas al maltratador y a un equipo psicosocial que le respalda y que tu sabes desde el momento en que entras por la puerta que te muestras hostil, llegastes y no quieres verle o cualquier cosa lo van a coger e informe que se eleva al juez. Entonces que le diría a un niño que se esta enfrentando a una situación así… le diría que no tenga miedo, porque al final juegan con eso, juegan con el miedo, juegan con nuestra inocencia, juegan con que no sabemos que esta pasando, con que tenemos miedo y tienen potestad de quitarte de tu madre -en mi caso acabo siendo- y los sentimientos que tiene un niño, el sentimiento que tenia yo era que llegas a un campo de batalla. Como he dicho antes no solo te enfrentas a un maltratador, te enfrentas a un maltratador en un entorno que desconoces completamente, con personas que estas viendo que encima le apoyan y le respaldan y eso al final se convierte en un infierno. Y por eso una de las luchas mas grandes que tenemos es que los Puntos de Encuentro no lleguen a existir! Lo que yo no llego a entender es como un niño se le obliga a ver a una persona que pega, que abusa sexualmente de el, que maltrata a su madre, que le maltrata a el. Es una tortura lo que le hacen pasar a los niños y al maltrato psicológico muchas veces y físico si nos andamos con ojo que muchas veces pueden llegar a ejercer allí es alucinante , no esta visibilizado y encima esta respandado por sentencias por peritos que defienden el SAP, psicosociales que lo aplican. Es lo peor de todo que al final todo es un entramado “a lo bestia” que lo que hay es una “mafia” y a los niños en lugar de ser seres humanos nos convertimos en mercancías en ese Punto de Encuentro y perdemos todo tipo de derecho ya no pongo como niño sino como persona…”