domingo, 2 de julio de 2017

Entrevista a Alice Miller.1997

Fuente Traducción: Google + JLC 



"ALICE MILLER: La pensadora más importante de la psiquiatría, hoy"
Entrevistada por Diane Connors

“…La entrevistadora, Diane Connors, es también psicoterapeuta y visitó a Miller en su apartamento, cerca de Zurich. Pequeña de estatura, Miller irradia un sentido de precaución y fragilidad, una mirada clara y un compromiso inquebrantable con lo que dice, muy consciente de la resistencia social a su trabajo.

Entrevista

OMNI: ¿Cuándo te diste cuenta de que el respeto por el niño es tu foco central?

Miller: Lo vi desde el comienzo, creo que desde mi infancia, como respuesta a por qué las personas se comportan de modo tan irracional. Siempre necesité entender las cosas; no tuve mucha información de mi madre, que solía decir: "Éste es el camino, es así y así y así." Nunca daba explicaciones a mis preguntas. Yo estuve muy sola de niña. Quizá tendría cinco años cuando vi por la calle a una mujer con una niña de tres o cuatro. Ella cayó y se hirió. Su madre, que estaba hablando con otra madre, abofeteó a la niña sólo porque la vio llorando con las rodillas ensangrentadas. Recuerdo que mi pregunta fue entonces: "¿Este niña es castigada dos veces, primero al caer y luego por la madre? ¿Por qué? Ella no es culpable, sólo necesita la ayuda de su madre, no el castigo...".

OMNI: ¿Por qué niegan algunos profesionales lo que dices?

Miller: Debido a que no se les permite enfrentarse a la realidad. Ya sabes, esto es interesante. La primera vez que hablé de estas ideas fue ante unos trescientos analistas, hablando sobre el narcisismo de los psicoanalistas. Estaban sorprendidos, porque era muy raro escuchar a un colega ponerse del lado del niño. Primero reaccionaron con naturalidad, estaban agradecidos y no mostraron mucha resistencia a sus sentimientos. Me dieron las gracias y dijeron: "Pero, ¿cómo sabías que era mi vida la que has descrito?" Yo dije: "¡Fue mi propia vida la que expuse!". Muchos hombres tenían lágrimas en los ojos. Entonces traté de publicar ese artículo en una revista especializada alemana, pero los editores lo rechazaron. La resistencia ya estaba en marcha. Se rechazó porque tenían que verlo todo como Freud; lo contrario les resultaba aterrador o peligroso. La Sociedad Analítica Internacional lo publicó en la Revista Internacional de Psicoanálisis. Pero la revista alemana Psique no lo hizo. Fue demasiado provocador para los alemanes.

OMNI: ¿Qué fue lo provocativo?

Miller: La neurosis y la psicosis son el resultado de sentimientos reprimidos, son una reacción al trauma. El enojo del niño y todos los demás sentimientos que no nos gustan son reacciones al abuso infantil. Hoy sabemos que existe una gran cantidad de abusos infantiles. Se había silenciado antes. El niño tiene que reprimir el recuerdo de ese abuso y negar el dolor para sobrevivir; de lo contrario moriría.

OMNI: ¿Podría esto suceder tan temprano en su desarrollo como para carecer de palabras, comprensión o permiso para expresar el dolor?

Miller: Las palabras tienen que encontrarse. Una buena terapia debe ayudar al paciente a evolucionar desde el  "niño en silencio" al  "niño que habla". El niño no pudo encontrar palabras si el trauma fue demasiado temprano o el entorno demasiado hostil. Pero ahora, en la terapia, si tienes un terapeuta que es realmente tu abogado, tu testigo consciente de tu trauma, entonces, por primera vez, te convertirás en un niño que habla. La terapia te ayuda a encontrar las palabras que decir a tu madre o tu padre sobre cómo te sentiste en aquel momento, cuando te hacían daño, o cómo te sentías cuando ni siquiera se podía hablar de nada.

OMNI: ¿Qué entiendes por "abogado"?

Miller: Es alguien que toma partido por el niño. Siempre. El terapeuta no debe decir que los padres "estaban perturbados pero fueron bienintencionados", porque entonces se pone del lado de los adultos. Si el niño piensa que los padres quienes se comportaron de modo tan extraño y lo humillaron fueron bienintencionados, entonces no podrá sentir su dolor, y a su vez simpatizará con sus padres. Es un crimen para vencer al niño, pues la paliza es un daño, y nunca se podrá cambiar esa realidad. Un niño maltratado se siente humillado, confundido, aislado; y se le hace sentir culpable porque se le dijo que él es el malo. Tenemos miedo a decir que el maltrato infantil es un crimen, porque queremos proteger a los padres de su culpabilidad. Pero no podemos realmente ayudarles si apoyamos su ceguera, ya que entonces también traicionamos al niño.

OMNI: ¿Cómo lidiar con el dolor en el proceso de curación?

Miller: El dolor es el camino hacia la verdad. Al negar que no fuiste amado de niño, te ahorras un poco de dolor, pero no conectas con tu verdad. Y durante toda la vida sólo intentarás ganarte el amor. En terapia, evitar el dolor causa obstrucción. Sin embargo, nadie puede sentirse desatendido u odiado sin sentirse culpable. "Es por mi culpa que mi madre es cruel", pensamos. "Hice enfadar a mi madre, ¿qué podría hacer para que me quiera?" Así que sigues tratando de hacer que te quieran. El sentimiento de culpa es realmente una defensa contra la terrible comprensión de que estás destinado a tener una madre que no puede amar. Porque esta comprensión es mucho más dolorosa que pensar "¡oh, ella es buena madre, soy yo quien está mal!" Porque entonces crees que aún puedes intentar algo para conseguir su amor. Pero no es cierto; no puede ganarse el amor. Y, sintiéndote culpable por lo que te han hecho, sólo admitirás tu ceguera y tu neurosis.

Hay algunos tratamientos donde los pacientes lloran mucho, sufren realmente, pero no hablan. Vi un vídeo donde durante una hora un paciente revive el dolor del nacimiento, pero no habla de ello. Sólo más tarde informa de lo que había sentido. Pero, en mi opinión, es importante que hable, que verbalice su experiencia del dolor. Incluso si el paciente se sintiera como en el vientre materno, él debe procurar hablar con la madre para decirle lo que siente. El vínculo entre los sentimientos y su expresión verbal es crucial para el proceso de curación. Pero no puede hacerse sin ayuda; el paciente necesita saber que hay alguien ahí capaz de entender cómo se siente, y apoyarlo y confirmarlo. Si un niño ha sido abusado sexualmente y el terapeuta no niega ese hecho, entonces muchas cosas pueden abrirse en el paciente. El terapeuta no debe predicar el perdón, porque el paciente reprimirá su dolor. Entonces no cambiará, y la rabia reprimida buscará un chivo expiatorio.

OMNI: ¿Crees que el niño no tiene historia, que nace como una página en blanco donde la experiencia va escribiendo su personaje?

Miller: No. El niño ya nace con su historia vivida en el seno materno. Pero no viene con las proyecciones  [de sus padres]. Nace inocente y dispuesto a amar. Puede amar mucho más que los adultos. Esta idea del niño como ser amoroso encuentra muchas resistencias porque aprendimos a defender a nuestros padres y a culparnos a nosotros mismos por todo lo que hicieron.

OMNI: En "El drama..." se relaciona el sentimiento reprimido con la pérdida de vitalidad. ¿Fue así tu experiencia?

Miller: Sí, experimentar el dolor de mi vida me devolvió la vitalidad. Primero el dolor; después la vitalidad. El precio de la represión de los sentimientos es la depresión. También tuve que soportar la educación convencional.... Si te ves obligado a hacer las cosas, no puedes tener diversión. Y, para mí, la diversión es la primera condición de la creatividad. Lo aprendí jugando con el color. Leyendo las teorías de los libros me había resistido a aprender sobre los colores... Creo que la pintura, el sueño y la escritura tienen algo en común. Yo pinto como sueño. Tengo muchos impulsos y asociaciones. Nunca tengo un plan, una idea de lo que quiero hacer. A veces tengo algo, pero mientras pinto voy soñando otras cosas y lo olvido. Al principio tenía una especie de estilo narrativo. Quería contar una historia, o una historia en mí quería ser contada... Ahora es más como una necesidad de este color, esa forma, esta línea... Es la improvisación. Yo diría que pinto como un músico de jazz. No quiero hacer una obra maestra, o incluso buenas fotos. Afortunadamente, no tengo que vender mis cuadros. Sólo me siento obligada a trabajar más y más en lo que es auténtico para mí... A veces destruyo mis pinturas. Cambio yo y entonces las cambio, aunque puedan haber sido mejores antes... Al final estoy contenta porque es lo que quería decir. No me importa si alguien dice si la pintura es buena o no; me siento totalmente gratuita. Tengo mi paleta, mi papel blanco, y nadie puede decirme lo que es correcto o incorrecto.

OMNI: La respuesta a tu trabajo ¿difiere de un país a otro?

Miller: Sí. Los países escandinavos, Holanda y los Estados Unidos son más liberales y abiertos. La mayoría de mis libros se venden en Alemania, pero muchos alemanes están aún muy formados por la pedagogía negra. Los suizos también. Así que a muchos de ellos no se les permite criticar a los padres, o descubrir el veneno de su crianza. Estas personas dicen que mi trabajo describe la educación del siglo XIX. ¡No se dan cuenta de que todavía viven de acuerdo a los valores del siglo XIX! Esta respuesta es también una defensa contra la época de Hitler. La negación de Hitler es tan profunda que el alemán no puede aprender de su historia. Cuando era niño, Hitler no tuvo ningún testigo. Su padre destruyó todo lo que su hijo hizo. Nunca pudo expresar a nadie el dolor que sufrió. En Suecia se hizo una obra, "La infancia de Hitler," de un capítulo de mi libro. La historia muestra cómo ese niño buscó contacto, anhelando ser visto, pero siempre fue tratado como un perro.

Una reacción similar a la de Alemania viene también de Japón, aunque de Japón llegan también reacciones de personas que ya han tomado conciencia. Su conciencia no está dañada por teorías como la de las pulsiones de Freud, por lo que estos japoneses pueden enfrentar mejor lo que escribo, utilizarlo en su realidad. Pueden darse cuenta del siempre presente abuso de menores, y que realmente pueden ayudar.

Detrás de cada acto de violencia hay una historia. Una historia de abuso, y una historia de negación. La negación es la ley que nos rige, pero es ignorada por la sociedad y aún no ha sido investigada por los profesionales. La negación es la clave de por qué ciertas tonterías pueden ser aún estimadas en nuestra cultura, como la idea de Sigmund Freud de que el niño inventa traumas.

OMNI: ¿Hay culturas que tengan alguna actitud diferente sobre la paternidad?

Miller: A pesar de las variaciones culturales, el abuso se encuentra en casi todo el mundo. Aunque hay algunas que son diferentes. Por ejemplo, hay gente en una isla de Malasia, llamados senoi, que tienen una cultura no violenta. Hablan con sus hijos de sus sueños cada mañana. Nunca han tenido guerras. Nuestra cultura es tan violenta porque de niños aprendimos a no sentir.

OMNI: ¿Puede la terapia producir cambios?

Miller: Sí, pero sólo si la terapia viene del dolor, que está bloqueado por nuestros sentimientos de culpa. La idea "yo soy culpable por lo que me pasó" es un bloqueo. Desde que descubrí que la teoría freudiana de las pulsiones oculta, no por casualidad sino necesariamente, la realidad del abuso infantil, he buscado alguna forma nueva de psicoterapia. Una terapia eficaz debería basarse en todo lo que sabemos hoy sobre el abuso infantil. Finalmente la encontré, y voy a describir ese concepto en mi próximo libro. Esta terapia permite a paciente y terapeuta llegar sistemáticamente a tomar contacto con los traumas y el dolor  -paso a paso, no bruscamente rompiendo defensas-, sin actitudes moralistas ni pedagógicas. Y sin poner a la gente en estados peligrosos donde experimenten quizá sentimientos caóticos donde puedan quedar atascados.

Uno puede encontrar un montón de técnicas y mezclas de ellas que no ofrecen una confrontación sistemática con el pasado, o que son irresponsables y perjudiciales. Algunas dejan a las personas con diferentes propuestas místicas o con un dolor sin resolver. Estos pacientes son víctimas en primer lugar del abuso infantil, y más tarde del abuso de la terapia. Y tratan entonces de "ayudarse" a sí mismos tomando drogas, uniéndose a sectas o gurús, u otras formas de negar la realidad y matar el dolor. La actividad política puede ser una de esas formas.

OMNI: ¿Qué consejo le darías hoy a un terapeuta en formación?

Miller: Primero, tratar de descubrir su propia infancia; a continuación, realizar su trabajo en serio. Escuchar al paciente y no a ninguna teoría; con la teoría no es libre para escuchar. Olvídelo. No analizar al paciente como un objeto. Tratar de sentir y ayudar a que el paciente sienta, en vez de hablarle de los sentimientos de los demás.... El niño necesita fantasías para sobrevivir, para no sufrir. Que crea lo que el paciente le dice, y no olvide que la realidad reprimida es siempre peor que una fantasía. Nadie inventa traumas, porque no necesitamos traumas para sobrevivir. Pero tampoco necesitamos su negación. Algunos de nosotros pagamos con síntomas severos esta negación. Estudiar la historia de la infancia. La terapia tiene que abrirle a usted, así como a su paciente, su sensibilidad ante la vida. Tiene que despertarte de un sueño.

Es trágico ir a terapia y encontrar, en vez de ayuda, confusión. Tengo una carta de una mujer de 79 años diciendo que "durante 40 años de mi vida hice psicoanálisis. Vi a ocho analistas. Pero, por primera vez, después de leer su libro, no me siento culpable de lo que me pasó. Siempre lo intenté, y los analistas eran buena gente. Ellos querían ayudarme. Pero nunca dudaron de que mis padres fueron buenos para mí. Estoy tan agradecida ahora que ya no me siento culpable desde que leí sus libros. Ahora veo lo terriblemente que abusaron de mí. ¡Fueron, primero mis padres, y luego mis analistas los que me hicieron sentir mal y culpable!" Esta idea vino de una mujer de 79 años. Luego cita la última línea de "Por tu propio bien": "Porque el espíritu humano es prácticamente indestructible, y su capacidad para levantarse de las cenizas permanece mientras que el cuerpo respire ".

OMNI¿Afecta la violencia de la televisión a los niños?

Miller: Los niños que realmente han sido amados y protegidos no se interesan por esas películas y programas, y no estarán en peligro. Pero el niño que fue herido y humillado -tal vez en la escuela, no necesariamente por sus padres- busca un objeto de odio y en quién tomar venganza. Por supuesto que hay gente que hace negocio del sufrimiento de los niños. Pero la violencia no viene de las películas de televisión. Sus fuentes son más profundas. Los niños protegidos no pueden convertirse en asesinos. Es imposible encontrar a una persona que, sin haber sido golpeada, pueda golpear a un niño.

OMNI: ¿Por qué se engendra la violencia a través de las generaciones?

Miller: Si miras hacia atrás, puedes ver que el abusador siempre fue abusado. Pero en la mayoría de casos no se oye hablar de él o de ella, porque hay tanta negación. Si vas a una prisión y preguntas a un asesino "¿cómo fue tu infancia?", te dirá: "¡oh, no fue tan mala! Mi padre era severo y me castigó porque me portaba mal. Y mi madre era una mujer agradable." Éste es el problema: no se puede encontrar la verdad, porque la persona, el propio asesino, no puede ver su cruel infancia como lo que realmente fue. Y, debido a que no puede soportar su dolor, en vez de sentir su infancia, mata a personas inocentes.

OMNI: ¿Crees que un niño puede experimentar abusos en el propio seno materno?

Miller: Por supuesto. Cada niño tiene su experiencia; a veces un verdadero martirio. Hubo un niño que nació con tres úlceras. Murió. La madre tenía quince años. Había sido golpeada durante el embarazo y tomaba drogas. Nadie sabe lo que un niño, incluso en el vientre materno, puede llegar a sufrir. Somos tan ignorantes, y nos negamos a saber.

¿Has oído hablar de la Escuela McMartin, de Los Angeles? En ese centro de día, se denunció que más de trescientos niños fueron sexualmente abusados. Durante siete meses, los abogados interrogaron a los niños sobre lo sucedido, lo que fue una tortura para ellos. Algunos informaron que habían ayudado a matar a un bebé. Los adultos no lo creyeron, por lo que llamaron mentirosos a los niños.  Finalmente se retiraron los cargos contra cinco de los siete acusados. Obviamente, todo esto era una manera simbólica de decir: "Cuando asumí ser abusado sexualmente, maté al niño en mí mismo."

Quiero mostrar cómo la sociedad reacciona a los informes de los niños. Abuso significa matar el alma del niño. No entendemos su lenguaje simbólico, por eso decimos tranquilamente que miente. Entonces los maestros abusan con libertad y creemos que todo es jurídicamente correcto. El problema es que los niños protegen al abusador. A veces se cambia al abusador por otra persona en las declaraciones. Dicen quizá: "Tengo miedo del cartero porque es malo para mí."  Y los padres saben que el cartero no tiene ningún contacto físico con el hijo. Pero detrás de esta historia "inventada" se esconde un padre o un tío. La función de las mentiras es proteger a la persona amada, al tiempo que expresan ansiedades. Los adultos dicen que "se trata de niños que inventan historias". Pero las historias no se inventan; son hechos que realmente sucedieron.

OMNI: ¿Puede la sociedad aprender el lenguaje del niño?

Miller: ¡Eso espero! De lo contrario, vamos a suicidarnos en masa con ayuda de la tecnología. El lenguaje del niño es, a menudo, muy claro, pero nos negamos a escucharlo. Los niños pueden sufrir terribles abusos y crueldades incluso desde el primer momento de sus vidas, gracias a la tecnología, en los hospitales. El abuso se almacena en su mente y puede permanecer activo durante toda su vida. Por tanto, una madre que maltrata a su bebé puede estar repitiendo exactamente lo que le pasó a ella, sin ningún conocimiento, sin ningún recuerdo consciente de ello Y los recuerdos almacenados en su cuerpo la obligan a repetir el mismo trauma.

A menos que un niño reciba los cálidos brazos de una persona que va a consolarlo y demostrarle con ello que el trauma de su nacimiento ha terminado, ese niño va a esperar durante toda su vida una repetición de ese choque. Una de las primeras lecciones es que estás solo en un lugar peligroso, y que nadie ve tu dolor. Pero esta situación puede cambiar fácilmente cuando reconocemos al bebé como una persona con sentimientos y muy sensible.

Muy a menudo, el niño entra en la vida después de una lucha, y no nos damos cuenta de que necesita consuelo y los brazos de una madre. En vez de eso, le damos medicación, hospitales, alta tecnología. Y creemos que es bueno para él sólo porque nos hicieron lo mismo, y porque es lo habitual. Lo que realmente sucede en la psique de un recién nacido no es en absoluto interesante para la mayoría de gente. ¡Por eso estoy dando esta entrevista!

OMNI: ¿Qué te gustaría hacer ahora?

Miller: Me gustaría apoyar a las personas que están enfrentando el abuso infantil. Recibí una carta de un terapeuta infantil de California. Fue consultor para una escuela. Una niña le contó historias sobre una "caja caliente", un pequeño armario sin ventanas en el que los niños eran encerrados como castigo. Él la creyó, investigó, y, cuando escribió un informe al respecto, fue despedido. Pero siguió investigando y descubrió esas "cajas calientes" en otras escuelas. Los periódicos informaron sobre el caso, y su voz y experiencia se hicieron notar. Me dio las gracias porque se sentía apoyado por mis libros. Esto demuestra que una persona puede hacer que la gente tome conciencia de que métodos nunca antes cuestionados son, de hecho, dañinos. Un único abogado de un niño puede salvar una vida. Los defensores dicen que un crimen es un crimen; no ocultan la verdad llamándolo "amor de padre ambivalente". Un abogado puede ayudar a prevenir que un niño se convierta en criminal. El niño aprende del testigo iluminado cómo reconocer la crueldad, para rechazarla, para defenderse de ella, a fin de no perpetuarla. Los experimentos han demostrado de manera concluyente que nadie aprende nada por castigo. Lo que se aprende es cómo evitar el castigo mediante mentiras, y cómo castigar a un niño veinte o treinta años después. La gente sigue creyendo, sin embargo, que el castigo puede ser eficaz.

OMNI: ¿Puedes cambiar esa creencia?

Miller: Así lo espero, al menos en parte. Mi vida y mi trabajo se centran en el problema del abuso de menores y cómo puedo transmitir lo que he aprendido a los profesionales, los padres y los legisladores. No es fácil, pues la mayoría de gente aprendió desde el comienzo de sus vidas que el niño tiene que ser azotado a fin de llegar a ser tan "bueno, humano, honesto, tolerante" con los maestros, padres, ministros y otros del entorno, como ella cree ser. 

En Inglaterra, donde he hecho algunos programas de radio, los entrevistadores dicen a menudo: "Usted habla de las formas graves de violencia y brutalidad en las familias, pero también hay otras formas: palizas, azotes, gritos". Suelen decir que estas formas de poder son inofensivas, no serias, y argumentan que, pese a que a menudo ellos mismos fueron azotados de pequeños, no se convirtieron por ello en Adolfo Hitler. Mi tarea es repetir que cualquier tipo de golpes, azotes y nalgadas a un niño es una humillación y un daño grave para toda su vida.

Un niño puede evitar convertirse en criminal si  tiene la oportunidad en su infancia de hallar al menos una persona que no sea cruel con él, que tal vez le guste o le entienda. La experiencia del amor, la compasión o simpatía le ayudará a reconocer la crueldad tal como es. Los niños que carecen de esta experiencia porque no hay ningún testigo consciente, verán la crueldad como una forma normal de tratar a los niños y continuarán con esa carga. Llegarán a ser como Hitler, Eichmann, [Rudolf] Hoss y todos sus millones de seguidores, que nunca encontraron nada en sus infancias, salvo crueldad.

OMNI: ¿Qué pasa con las formas más leves de crueldad, como nalgadas, gritos y humillaciones verbales?

Miller: La tragedia es que las personas tratadas de esa manera, incluso si no llegan a ser como Hitler, pretenderán que esa clase de tratamiento es necesaria. Se reservarán el derecho de hacer lo mismo con sus hijos, y se mostrarán reacias a aprobar leyes que prohíban los azotes. En Gran Bretaña, una ley de ese tipo no se aprobó hasta 1986, y veo este retraso como uno de los efectos del abuso infantil allí. La ignorancia de nuestra sociedad es el resultado del abuso infantil. Somos castigados para ser ciegos como Edipo. Tenemos que recuperar la visión para dar a nuestros hijos la oportunidad de crecer con más responsabilidad y más conciencia de las que dispusimos en nuestra generación de bombas atómicas.

NOTA: Alice Miller falleció el 14 de abril de 2010.
Diane Connors
Psicoterapeuta
Fuente
 
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martes, 13 de junio de 2017

Ponencia en Simposio Internacional sobre Violencia Vicaria en Madrid, 2 de junio de 2017.- Graciela Dora Jofre, Jueza de Villa Gesell,Buenos Aires.Argentina

Niños y niñas en la justicia.

"Soy todavía un niño y estoy a vuestra merced. Por eso sois tan prepotentes, a pesar de vuestra debilidad. Para derribar ese mundo que me impide vivir haría falta un coraje heroico..."
Alice Miller “La llave perdida”


Niñas y niños son seres humanos evolucionados en estado de vulnerabilidad con la necesidad del cuidado, afecto y protección del adulto. Cuando el delito  los tiene como víctimas ataca en ellos aquello integro, sabio y amoroso que constituye al humano en su infancia.
Francois Dolto dice que los adultos temen a los niños porque cuestionan su poder. Alice Miller en toda su obra evidencia que en los actos perversos, violentos que realizan los padres en el círculo íntimo familiar está el germen nocivo de  la historia humana. Infancias arrasadas por quienes dicen llamarse “padres”, niñas y niños en su trágica encerrona[1] afectiva y una sociedad que no quiere ver develados los oscuros secretos familiares, no quiere escuchar y creer en la palabra y relatos de niñas y niños que padecen abusos físicos, sexuales emocionales por parte de sus padres.
Niñas y niños tienen innatamente sabiduría y capacidad para expresarse con la palabra. La lingüista argentina Ivonne Bordelois dice que los niños tienen una enorme habilidad innata para el uso de la lengua con su particular forma de hacerlo y en sus tiempos, por eso niñas y niños pueden expresarse haciendo un uso creativo y original de la lengua para definir verdades aun conmocionantes en el lugar y tiempo imprecedibles para los adultos. (Jofré, 2016). Para llegar a saber lo que sienten es indispensable una actitud receptiva amorosa.
Niñas y niños no solo expresan lo que sienten con palabras según su edad cronológica, pueden manifestar sentimientos angustiantes con sus silencios, sus cambios abruptos de conductas, sus dibujos, sus juegos. Niñas y niños expresan siempre lo que sienten y manifiestan la realidades ocultas en una familia. Por tal razón su palabra debe ser creída por los jueces/as y demás operadores de la Justicia. Hace a su dignidad humana ser creídos.
Cuando hay incesto paterno o violencia de género el delito tiene como víctimas a la mujer y a los hijos. El incesto develado siempre será conmocionante para la madre del niño afectándole traumáticamente. La violencia de género contra la madre alterara dramáticamente la infancia de los hijos/as. Son delitos que se ocultan a la mirada social y donde niñas y niños suelen ser silenciados.  
En Criminología el incesto paterno como los abusos sexuales a la infancia forman parte de su cifra negra, son delitos no denunciados ante la justicia y que se mantienen en el secreto de las familias. Estas mujeres que rompen esta ley de silencio ancestral con sus denuncias conmueven una estructura social patriarcal de complacencia y por ello sufren junto a sus hijos la represalia institucional judicial. El sistema de justicia es el brazo ejecutor de una sociedad que se resiste a develar los siniestros actos de quienes se amparan en su rol de padres o de adultos con máscaras sociales respetables. Por tal razón en la praxis judicial cuando hay una denuncia de delito perpetrado contra un niño o una niña la regla es no creer en su palabra.
Los procesos judiciales civiles y penales giran sobre el principio de inocencia del agresor denunciado y el único inocente, ese niño/a queda invisibilizado.  Cuando las víctimas son niñas y niños su acceso a la justicia necesita indispensablemente de un adulto afectivo y protector que denuncie el delito, no pueden hacerlo por sí mismo.  La mayoría de las denuncias ante la justicia de delitos cometidos contra niñas y niñas las realizan las madres. Tal es la razón por la cual se focaliza  en esas mujeres el ataque defensivo de los agresores, se pretende silenciar a esos niños, esas niñas víctimas del delito de incesto, abusos sexuales u otro tipo de violencias..
La ley que rige la sociedad es la del patriarca, el varón omnipotente frente a mujer e hijos/as. La necesidad de esta estructura de poder social está sustentada en el miedo y el silencio de mujeres y niños/as frente a delitos ocultos en el entramado de convivencia familiar donde son sus víctimas. El mensaje represor es ejecutado por un Sistema de Justicia con operadores donde predomina dicha ideología  y pretende dar un mensaje al estilo de la omerta mafiosa: “Si hablas, si denuncias, sufrirás las consecuencias por haberte atrevido.”  Esto constituye el centro neurálgico que ha permitido que invenciones siniestras  como la de la “Alienación Parental” de Richard Gardner fuera erigida en axioma científico y propalada como un virus en los tribunales del mundo.  
Es también esta ideología imperante  la causa por la que se instalan en procesos de familia metodologías represivas hacia la voluntad de niñas y niños víctimas de incesto paterno o violencia de género, invisibilizando las causales de la separación o divorcio; forzando la voluntad de niños y niñas y castigando ferozmente a estas mujeres que se han atrevido a separarse del agresor y denunciar los delitos. Las custodias compartidas, la imposición de mediación familiar y revinculaciónes con agresores y sus parientes, sin contemplación alguna a existencia de delitos denunciados donde son sus víctimas esos niñas y niñas. Se hace un uso declarativo de argumentaciones pseudo promotoras de igualdad de género o interés superior del niño cuando en realidad su matriz es represora de derechos humanos de víctimas de delitos.
En la esfera del derecho internacional privado se suelen aplicar las Convenciones Internacionales sobre Restitución Internacional de niñas, niños y adolescentes sin respeto a su persona, su opinión; sin escucharlos y sin contemplar la existencia de delitos denunciados- abusos sexuales paternos o de violencia de genero.  
Se realizan actos judiciales POR LA FUERZA avasallando derechos humanos de niñas y niños víctimas de delitos, maltratándolos institucionalmente, ignorándolos en su capacidad de expresar lo que sienten en el momento presente, entregándolos a su agresor enmascarado en el rol paternal. Evidenciando que la justicia trata a niñas y niños como no lo haría con los adultos;  maltratándolos como ciudadanos de segunda categoría, minusválidos, incapaces del Derecho.
Estos atropellos institucionales judiciales son producto de una tendencia universal a dar preeminencia a la Familia, al Derecho de Familia sobre niñas y niños que la integran. La ausencia de una Justicia para niñas y niños.
La violencia de género y los abusos sexuales a niñas y niños son epidemia mundial, los feminicidios y las muertes de niñas , niños y adolescentes son su trágica consecuencia. Al desacreditar el relato y la denuncia de sus víctimas, además de tener efectos depredadores sobre su dignidad vulnerada, al desacreditar esas denuncias penales y sospechar de estas mujeres denunciantes se busca aislar a esas niñas y niños para compelerlos emocionalmente hacia la retractación si han relatado los abusos sexuales o callarlos definitivamente.y así lograr la impunidad del agresor, recuperando su poder y  control patriarcal.  
El Sistema de Justicia  inmerso en esta ideología represora les otorga a estos varones violentos y/o pedófilos impunidad, reinvindicacion social, y venganza sobre sus victimas.
El mundo académico del Derecho y del Sistema de Justicia se resiste todavía a incursionar en los estudios de estos delitos que asolan los entramados familiares en todo el mundo.
Existe paralelamente un negocio solapado de abogados y profesionales de la salud en la defensa de pedófilos y hombres violentos con poder o dinero. Y la sociedad es cómplice con su ausencia de mirada a la tragedia de estas infancias, lo es por comodidad, por no querer saber de la faceta perversa, siniestra del humano dentro de la “familia” y como “padre”. Produce escozor saber que el humano puede tener conductas atroces con sus niños/as a quienes debería amar y cuidar. 
Debe asimismo evidenciarse que detrás hay un entramado mafioso delictivo sustentado en el negocio multimillonario de la explotación sexual de cuerpos de niñas y ,niños  y sus consumidores perversos ocultos en sus buenas formas parentales y sociales.  Toda niña o niño victima de abusos sexuales o violencias queda en estado de vulnerabilidad, a la deriva y las mafias mencionadas se nutren de ellos.
No querer saber  es cómodo, no nos compromete, pero cuando se es funcionario de la justicia se genera responsabilidad y complicidad criminal con el agresor. La impunidad de los pedófilos y agresores de niñas y niños es producto de esa conducta de abulia y desidia de muchos operadores judiciales. El Sistema de Justicia es un gran responsable de esta presente realidad de impunidad de la violencia de género y los abusos sexuales a niñas y niños.
Para el ciudadano la Justicia es el último murallón donde se contiene, resguarda y  busca restauración del daño padecido por el delito.
Las denuncias penales de estos delitos en el contexto familiar conmueven un sistema de valores que promueve el poder autoritario del padre sobre mujer e hijos/as, que se sostiene en el menosprecio social a la capacidad de expresión de niñas y niños y su nexo con la verdad-“ex ore parvilorum veritas” (de la boca del niño la verdad).
El acceso a la Justicia de niñas y niños necesita indispensablemente de una figura adulta protectora y afectiva ; ellas suelen ser sus madres.  Estas mujeres  realizan actos de coraje porque revolucionan una estructura familiar anquilosada e impenetrable. La familia es una institución primaria social que debe respetar, cuidar  y proteger a sus integrantes, especialmente a niñas, niños y adolescentes.  Los roles parentales no legitiman a las personas en la familia. Padre, madre no es quien maltrata, abusa sexualmente, instala violencia en la vida de hijos e hijas. El rol parental cuando es promovido como legitimado en sí mismo esconde ideología patriarcal y perversión porque busca que el incesto y la violencia siga en el territorio del silencio y el secreto familiar.
La historia humana se ha construido sobre el silencio de la infancia maltratada.  Por eso como Juezas y Jueces, como Juristas, Abogados/as, Peritos psicólogos/as  somos responsables de nuestros actos ante esas infancias truncadas por la violencia de género, el abuso sexual.  Debemos salir del área de la comodidad del poder, ser humildes para reconocer nuestro error, aprender y  comprender.  Humildad, empatía amorosa e intención para salir con nuestro actuar de un espacio de poder cómodo.  Debemos ser expeditivos en nuestros actos y resoluciones judiciales, privilegiando el resguardo de la integridad física, emocional de ese niño, esa niña o adolescente. Debemos ser claros en el lenguaje de nuestras resoluciones judiciales, entendible para las víctimas de estos delitos y para la sociedad;  pues sucede que la ambigüedad y la confusión en las expresiones orales y escritas suele ser el territorio de los soberbios y de los perversos.
Seamos claros como lo son niños y niñas en sus expresiones, cada vez más claros en los postulados de defensa de sus derechos humanos. Se debe partir de aquello que ha sido y es mi convicción en estos veinte años como jueza: CREER la palabra de niñas y niños. Mirar siempre en dirección a ellos, niñas y niños deben ser nuestra “brújula” en cada resolución judicial. Niñas y niños se manifiestan con transparencia en su palabra, en sus conductas, sus gestos, en la manera de relacionarse con su entorno, en sus dibujos, sus juegos. Piden de mil maneras ser creídos, protegidos cuando algo no les gusta, no lo entienden, los confunde, les duele. Ellos esperan de nosotros, se entregan con confianza amorosa y es nuestro deber actuar mirando siempre en dirección a dilucidar sus sentimientos presentes. Los tiempos de la justicia deben ser para niñas y niños. Juezas y jueces debemos serlo para esas niñas y niños. Ellos están siendo hoy acallados, invisibilizados y atropellados por el Sistema de Justicia. Se pretende ocultar la tragedia presente que está destruyendo infancias humanas; debemos sacarla a la luz. Ese es el camino a trazar.
Niñas y niños no saben de sus derechos humanos, la Justicia SI, hoy debe hacerlos presentes y efectivos para ellos.
Juezas y jueces debemos saber que el poder que transitoriamente detentamos nos inviste de un ropaje inexistente; que cuando ejercemos ese poder con sensibilidad humana y virtud, le otorgamos su fuerza primigenia, aquella que produce cambios y le da su sentido. Ninguna esperanza habrá en la Justicia para niñas y niños si no actuamos en esa dirección (Jofré, 2016)

Bibliografía

Jofré, G. (2016). "Niñas y niños en la Justicia.Abuso sexual en la infancia". Buenos Aires: Maipue.



[1] “encerrona trágica” como expresaba el Psicologo argentino Fernando Ulloa en su trabajo “Sociedad y crueldad”(2005)