sábado, 23 de junio de 2018

ABUSO SEXUAL PATERNO-FILIAL. APOYO, CREDIBILIDAD Y PROTECCIÓN A NIÑAS, NIÑOS Y SUS MADRES PROTECTORAS COMO VÍCTIMAS DEL DELITO


________________________________________________________por  GRACIELA DORA JOFRÉ

La palabra de niñas, niños suele ser la única evidencia de los abusos sexuales paternos. No hay más testigo que la propia víctima. Los niños y niñas cuando pueden hablar del abuso recurren en la mayoría de los casos a un adulto protector y relatan los hechos. El adulto protector no abusivo es en la mayoría de los casos la madre. Ambos deben ser considerados víctimas del delito. Debe darse apoyo a la madre protectora que denunció el abuso sexual paterno para lograr la recuperación del niño/a. En el proceso judicial por custodias y regímenes comunicacionales se debe contemplar que el niño/a es víctima de un delito denunciado y se debe resguardar su seguridad e integridad física, emocional y psicológica con relación al padre denunciado. Es hacer efectivo el acceso a la justicia de niñas y niños víctimas de delito y de su madre protectora – víctima también- para fortalecerla en la recuperación y protección de sus hijos. Una nueva mirada de actuación institucional judicial frente al delito que nos afecta como civilización humana: el incesto paterno, para quebrar su histórica impunidad y ayudar a sus víctimas a su recuperación.
PALABRAS CLAVES Abuso sexual de niños – Apoyo a madres protectoras – Incesto paterno – Acceso a la justicia.
Children’s voice is often the only evidence of paternal sexual abuse. There is no other witness than the victim itself. In most cases when the children manage to talk about the abuse he does it to an adult, which in most cases is the mother. Both of them should be considered victims of a crime. It should be given support to the protective adult who denounced parental sexual abuse for a better recovery of the child. In the judicial process when the custody of the child and the communication regime is treated the child and his or her physical, emotional and psychological safety and integrity must be protected in relation to the father denounced. A new-look in order to break the historical impunity and help its victims to recover against a crime that affects us all as human beings: paternal incest.
 KEYWORDS Sexual abuse of children -Support protective mothers – Paternal incest – Access to justice.

Publicado en :  Revista Electrónica Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales A. L. Gioja. No 19 (2017) Dossier Pensando El Derecho en Clave Pro-Fémina.
Publicación del Instituto de Investigaciones A. L. Gioja, con sede en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, Argentina.


jueves, 7 de junio de 2018

RESOLUCION JUDICIAL- PRIVACION DE RESPONSABILIDAD PARENTAL Y SUPRESION DE APELLIDO PATERNO-



Hechos: La madre de una niña pide en su nombre y representación la privación de responsabilidad parental  del padre denunciado por abuso sexual de su hija, el que fuera condenado en primera y segunda instancia y sobreseído por el Tribunal de Casacion Penal. Pide asimismo la supresión del apellido paterno en el nombre de la niña. La resolución judicial admitió lo solicitado.
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1.-   La interpretación del art.700 inc. c del CCCN debe ser a la luz de todas las leyes nacionales y Convenciones Internacionales que nuestro país ha suscripto  y que preservan los derechos humanos de niños, niñas y adolescentes tanto  en su condición de tales ( Ley 26.061, Convención sobre los Derechos del Niños, Directrices sobre la justicia en asuntos concernientes a los niños víctimas y testigos de delitos ) y como personas vulnerables (100 Reglas de Brasilia) para así poder determinar al resolver conforme lo prescribe la norma, si ese hijo/a se encuentra afectado en su seguridad , en su salud física o psíquica

2.-   El art. 69 establece el criterio del juez para evaluar la existencia de “justos motivos” que permitan quebrar la regla de la inmutabilidad del nombre y  comprenden las circunstancias de índole privada que tienen la envergadura suficiente para permitir la excepción. Según la doctrina sobre la norma es en este ámbito donde los Derechos Humanos han dado su avance más significativo.

3.-   En el abuso sexual infantil y el maltrato  la prueba es el relato del niño/a adolescente y la relevancia o no que se realice judicialmente de ese relato y demás indicios en el ámbito penal no obliga al juez que debe decidir sobre ese niño, niña o adolescente; su deber primario es proteger su integridad física y emocional por sobre toda disquisición.   

4.-   La Corte Interamericana de Derechos Humanos también ha resaltado la relación entre el principio del interés superior del niño y la opinión del niño: “…La Observación General No. 12 de 2009 del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas resaltó la relación entre el “interés superior del niño” y el derecho a ser escuchado, al afirmar que “no es posible una aplicación correcta del artículo 3 [(interés superior del niño)] si no se respetan los componentes del artículo 12. Del mismo modo, el artículo 3 refuerza la funcionalidad del artículo 12 al facilitar el papel esencial de los niños en todas las decisiones que afecten su vida…”(Caso Atala Riffo y Niñas Vs. Chile. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 24 de febrero de 2012.)   

5.-   Es indispensable desterrar la idea que un niño, niña o adolescente no sabe lo que quiere o que no quiere lo que les conviene (Couso, Jaime, “El niño como sujeto de derechos y la nueva justicia de familia. Interés superior del niño, autonomía progresiva y derecho a ser oído”, en Revista Justicia y Derechos del Niño Nº 3 y 4, UNICEF, COUSO, pág. 155 y OG n° 12)

6.-  Los niños/as esperan de nosotros, esperan fundamentalmente ser creídos cuando pueden relatar aquello que los ha dañado; más aún cuando no lo comprenden. Creer en su palabra es devolverles su dignidad humana avasallada y  permite poder protegerlos de quien los daño. Es dar efectividad y eficacia en el proceso judicial al principio del interés superior del niño, es "escuchar" al niño víctima de delitos, es la necesaria puerta para poder protegerlos para que no sufran mas de lo que ya han sufrido.   

7.-  Creer a las víctimas de estos delitos que destruyeron su integridad física, sexual y emocional en las instancias judiciales, es un acto de reconocimiento de su dignidad avasallada, es respeto a su dolor inconmensurable, es permitirles sanar y proyectarse hacia su futuro. Creerles es el primer y fundamental paso para poder hacer justicia en sus vidas…” ( Jofré,G.D. “Niñas y niños en la Justicia. Abuso sexual en la infancia.”Ed.Maipue, Buenos Aires 2016 pg.62/63).




Publicado en :
Pensamientocivil.com.ar- publicado el 6/06/2018

viernes, 1 de junio de 2018

“Las locas”

__________________ de  Graciela Dora Jofré (1)


                           "Muchacho con espada"de Edouard Manet (Metropolitan Museum of Art)

"...Juan * tenía 9 años cuando su mamá denuncio en el juzgado el incesto de su padre. En esos tiempos como jueza desconocía lo que con los años fui aprendiendo, era ignorante y como muchos/as dentro de la Administración de Justicia desconfié de la madre y su denuncia. Los antecedentes conflictivos en ese caso judicial, donde la madre de Juan siempre había obstaculizado todo posible contacto de su padre, sus características de personalidad conflictiva la conducta contraria del padre, instalaron en mí la sospecha sobre ella y sobre la veracidad de su denuncia de incesto. A pesar de mis dudas resuelvo suspender todo contacto de Juan con su padre (mi postura siempre ha sido no forzar al niño/a a ver al padre contra su voluntad). Juan demostraba expresamente su negativa a cualquier contacto. En esos momentos comienza a estar en auge entre abogados y jueces la corriente de pensamiento acerca de las madres que influían en sus hijos inventando denuncias de incesto con el único fin de vengarse de su ex pareja, no dejarles ver al niño/a, y hacerles daño usando al niño/a como medio (ideología SAP impulsada por el artículo de Cárdenas). Como siempre me ha interesado el tema de la niñez y sus derechos he estado siempre abierta a aprender sobre el tema y participar de toda jornada o congreso que lo tratara. Así fue que estando el caso judicial de Juan en pleno trámite, concurro a un congreso internacional sobre maltrato y abuso sexual a la niñez que se realizaba en Capital Federal. En ese Congreso, con innumerables ponencias, una de ellas era dada por una fiscal y una médica pediatra especialista en abusos sexuales. Estas dos profesionales nos comparten a aquellas/os que habíamos concurrido a escucharlas sus experiencias dificultosas en la intervención de casos de abusos sexuales a la niñez, especialmente en los casos de incesto paterno-filial. Explicaban las presiones que debían sufrir cuando validaban los relatos de niñas y niños o detectaban (en el caso de la médica) indicadores específicos de la existencia del abuso sexual. La ofensiva era de los padres denunciados, sus abogados y de funcionarios judiciales. La médica nos confesó que en su caso por ese compromiso era muy probable que en poco tiempo la despidieran de sus funciones por obra de esas presiones y denuncias en su contra. Durante el transcurso de sus exposiciones, en un momento dado, cuando se encuentran relatando los avatares de niñas y niños abusados sexualmente en Tribunales y hablan de las madres denunciantes del incesto, ambas coinciden en decir que ellas las llamaban “las locas”. Recuerdo que ante nuestros rostros de sorpresa ellas se miraron en alegre complicidad y nos explicaron que las llamaban así porque eran mujeres que se mostraban histéricas, agresivas, peregrinaban de dependencia en dependencia judicial y/o en todo organismo donde pudieran ser escuchadas pidiendo se protegiera a sus hijas/os del padre abusador. El calvario judicial y el trauma del incesto de sus hijas/os producía en estas mujeres su apariencia exterior de desequilibrio emocional y sus conductas mostraban rasgos de locura. En nuestra vida hay instantes donde algo que vemos o escuchamos produce el efecto interior de un estruendo, así fue para mí en ese instante, de golpe como en un flash al escuchar a estas profesionales vi a la madre de Juan, era esa la imagen que teníamos de su madre, era la “loca”. Eso me produjo la certeza de que el abuso sexual del padre a Juan, denunciado por su madre, era real y su conducta obcecada y temperamental era producto de su desesperación ante los avances constantes del agresor, y al sentirse no creída en la Justicia. Allí no solo tuve la íntima convicción de la existencia del abuso sexual del padre a Juan sino que cambié en mis prejuicios hacia su madre, aquella que contra vientos y mareas judiciales lo había defendido; ella merecía el respeto más profundo por sus agallas. El padre de Juan no pudo lograr en ese proceso judicial las visitas o contacto que pretendía. En el ámbito penal, no hubo una condena penal hacia este hombre, fue sobreseído por falta de pruebas; como en la inmensa mayoría de los casos donde he intervenido hasta hoy como jueza civil los abusadores sexuales de niñas y niños son sobreseídos penalmente o a lo sumo por los vericuetos procesales penales logran penas ínfimas y siguen circulando por la ciudad cruzándose con sus víctimas. Pasaron los años, fui evolucionando en mi aprendizaje sobre el abuso sexual en la infancia y el incesto. Un día se presentan en el Juzgado de Paz de Villa Gesell Juan y su madre, él tenía 16 años de edad, a solicitar un/a defensor/a oficial. Juan, con la representación legal de su madre por su minoría de edad, viene a solicitar medidas de protección porque en el instituto escolar donde concurría a realizar sus estudios era docente su padre y no quería encontrarse con él. Expresa el trastorno emocional que le producía verlo y plantea su decisión de querer continuar sus estudios en ese Instituto escolar porque allí había logrado integrarse bien y tener su grupo de amigos. Solicita una orden judicial de restricción de acercamiento. Relata también en su presentación judicial la postura negativa de las autoridades de la institución escolar ante su pedido, le responden que deben respetar el derecho a trabajar de su padre denotando no creerle. Como primera medida judicial decido fijar una audiencia para poder escuchar personalmente a Juan. El día de la audiencia se presenta Juan y con gran serenidad y lucidez me cuenta cómo todos estos años había estado cambiándose de institución escolar a medida que aparecía su padre como docente y que esta vez no quería hacerlo más. Que había logrado encontrar un lugar para sus estudios donde se sentía cómodo, integrado y con un grupo de compañeros a quienes apreciaba. Describe el tormento de emociones que le producía cada vez que había visto a su padre “cuando lo veo me siento como un animal”. Esa mezcla de ira, impotencia y dolor de todo niño abusado sexualmente por quien debía haberlo cuidado y amado. Cuenta que cuando fue a plantearlo ante las autoridades del colegio lo minimizaron y rechazaron su pedido argumentando que no podían limitar el trabajo de su padre. Por esta negativa es que recurre a la Justicia. Cuando él me cuenta su historia, los años transcurridos desde esa antigua intervención mía como jueza, pensé en el inconmensurable dolor que debió sentir cada vez que se cruzaba en la ciudad con su verdugo en su disfraz de padre. Un docente socialmente aceptado que él sabía era un perverso y no había consecuencias frente al daño que le hizo de niño. En esta presentación Juan con sus 16 años se plantaba en defensa de su dignidad, mostraba entereza y fuerza. Asumía por sí mismo una actitud reparatoria: no iba a resignar otra vez un espacio que había logrado construir venciendo las circunstancias que acontecieron en su historia personal. No iba a dejar que otra vez lo avasalle quien había sido su padre. Ahora el Juan adolescente rescataba al otro Juan, el niño abusado sexualmente y se convertía en su defensor. Resolví ordenar a la restricción de acercamiento como Juan lo pedía y la orden a las autoridades escolares de que dispusieran lo que hiciera falta para hacerla efectiva. Esta historia es un fiel reflejo de lo que produce la impunidad en el delito de abuso sexual en la infancia y el incesto en la vida de un niño, su madre y también en la sociedad. A Juan lo pude proteger del contacto con su padre cuando era un niño pero al estar impune su delito no pudo ser protegido por la Justicia de verlo en las calles, en los colegios donde concurría y peor aún sentir que quien lo había dañado tanto seguía su vida diaria como si nada hubiera pasado. Fue la contención y fortaleza de su madre la gran impulsora para que pudiera seguir adelante con su vida, aquella a quien nadie creía cuando era un niño. En lo personal, a mí como jueza me enseñó que cada día hay que aprender algo nuevo, sacarnos ideas preconcebidas, prejuicios y así con humildad se evoluciona…” ( Jofre,G.”NIÑAS Y NIÑOS EN LA JUSTICIA” Abuso sexual en la infancia, Buenos Aires 2016, Ed.Maipue pg.159)


*nombre de ficción.


(1) Juez de Paz Letrada de Villa Gesell, Buenos Aires,Argentina.